El 1 y 2 de noviembre México pone la mesa. Se limpian los retratos, se corta el papel picado y se acomoda el cempasúchil para que su color y su olor marquen el camino de regreso.
Una tradición que marca el camino
Cada elemento de la ofrenda dice algo. El agua para la sed del camino, la sal para que el cuerpo no se corrompa, la veladora para alumbrar la vuelta, el pan para compartir, la flor para señalar la entrada y el retrato para nombrar a quien se espera.

Es una de las expresiones culturales más reconocidas del país: la UNESCO inscribió las festividades indígenas dedicadas a los muertos en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Cada quien la pone a su manera
No hay dos ofrendas iguales. Hay quien levanta el altar de varios niveles con todo lo que le gustaba a su gente, quien lleva flores al panteón y quien enciende una veladora junto a una fotografía. Todas dicen lo mismo: aquí te seguimos esperando.
Un equipo se arma con gente de distintos lugares, y cada quien trae su manera de recordar. Esta fecha es para todas ellas.

Lo que ponemos en nuestra ofrenda
SERINPET se suma a la conmemoración recordando a los compañeros y familiares que ya no están, y a quienes en su momento enseñaron el oficio: el cuidado del equipo, la lectura de una presión, la disciplina de verificar dos veces antes de abrir una válvula.
Esa herencia tiene una forma concreta de honrarse todos los días: trabajar de manera segura, para que cada persona que entra a una locación regrese a casa.
A quienes nos faltan, memoria. A quienes están, un regreso seguro a casa.
Feliz Día de Muertos de parte de todo el equipo de SERINPET.

